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LA VERDERA ALEGRIA ESTÁ DENTRO, EN TU CORAZON

LA VERDERA ALEGRIA ESTÁ DENTRO, EN TU CORAZON

La falta de recursos para tener un pan que llevarse a la boca es una realidad en muchos rincones de la tierra, también en el sur de Chile, en la X Región de Los lagos. En la turística ciudad de Puerto Varas, hay un sector, un barrio pobre, la población Puerto Chico. Las hermanas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón están presente en medio de los pobres y sufrientes, desde 1954. Para responder a una de las necesidades de la población, una religiosa italiana funda un comedor, cuyo nombre es COMEDOR ABIERTO SOR ANAPIA.  ¡Hoy como ayer, dar de comer al hambriento!

En tiempo de navidad, cuando Dios manifiesta su amor eterno, regalando a su Hijo, “la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” como nos transmite san Juan, sigue apareciendo en el pesebre de ese comedor, en el pesebre de los corazones abiertos y caritativos que comparten el pan con el que no tiene. Esta sencilla experiencia sea como la estrella de Belén que guie a los seres humanos a ofrecer regalos al Niño Dios en el que sufre.

Todo bautizado está llamado a anunciar a Jesucristo, con el testimonio de vida y con la palabra. Cuánto más, las Religiosas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón, llamadas por el Señor para llegar hasta el confín de la tierra. Confín que se llama hoy, el barrio Puerto Chico, una población mucho tiempo estigmatizada, moradores rechazados por la sociedad, porque la vida les ha golpeado y han caído en la delincuencia y el alcohol. Gracias a Dios, a la entrega generosa, sacrificada de las religiosas y de tantos benefactores, las condiciones de vida mejoran, sin embargo, el flagelo de la bebida alcohólica sigue presente en la vida de hombres y mujeres, como también el hambre, que corroe las entrañas y mella los sueños y esperanzas de las familias pobres, que hoy como ayer pueblan la tierra. 

Hay más alegría en dar que en recibir dice la Palabra y también la vida de tantos hombres y mujeres, que descubriendo al Señor en el que sufre, comparten lo que son y lo que tienen, siendo, esto, la fuente de la alegría.  

Hoy, en tiempos de Navidad, el mundo se atiborra de bienes materiales, ingesta su cuerpo de exceso de comida y bebida, drogas y placeres, viajes y extravagancias. Vanidad de vanidad, dice el Eclesiastés, (12, 8), todo se termina, Otros, en cambio, encuentran alegría y sentido de la vida en dar y darse. Mientras se peregrina por esta tierra, es posible, para cada persona, vivir y sentir la verdadera alegría del corazón, la que nadie puede arrancar, porque es parte de la historia de cada uno. La alegría de la caridad, es el motor para continuar la existencia con esperanza y paz, a pesar de las contrariedades que se encuentran.

En el comedor abierto Sor Anna Pia, con la ayuda de algunas instituciones y personas, que, de generación en generación, colaboran, se logra dar el sustento diario a las personas que vienen a almorzar. Antes de la pandemia, el compartir y servir diario, ahora, ´por motivos de la misma, sólo se les entrega el almuerzo tres días a la semana, beneficiando a personas sin trabajo y de escasos recursos, los que viven en situación de calle, alcohólicos y drogadictos, familias de escaso recursos, migrantes y cualquier persona que tenga necesidad. En general, alrededor de 60 personas reciben la comida, que comprende un plato único abundante, pan y postre. En algunas ocasiones, cuando las provisiones son abundantes, se les comparte más pan, alimento fundamental para los chilenos, y una bolsa con víveres para el alimento del resto del día.  Todo va acompañado del alimento espiritual, canto, oración, una breve catequesis y concursos, que entibian el aire frío de la zona, por la lluvia constante y la humedad, con sus voces, risas y aplausos a los ganadores, que reciben jugos, galletas y un trozo de queque. Los que nada tienen, son felices con tan poco, con un alimento sencillo, insignificante para el mundo, pero tan significativo para ellos, ¡les endulza la vida! Cada día trae una novedad, un rostro nuevo de Cristo para acoger y sonreír, para alimentar y escuchar, para sanar y amar.

“Hace falta ayudar a reconocer que el único camino consiste en aprender a encontrarse con los demás con la actitud adecuada, que es valorarlos y aceptarlos como compañeros de camino, sin resistencias internas. Mejor todavía, se trata de aprender a descubrir a Jesús en el rostro de los demás, en su voz, en sus reclamos. También es aprender a sufrir en un abrazo con Jesús crucificado cuando recibimos agresiones injustas o ingratitudes, sin cansarnos jamás de optar por la fraternidad”. (Evangelii Gaudium)

En Cristo Jesús, somos familia de Dios, somos hijos en el Hijo y hermanos de todos. Gracias a la generosidad de muchos, es posible hacer la caridad, cada uno dando lo que es y lo tiene, todos aportes muy valiosos a los ojos de Dios: el colegio Puerto Varas, que mensualmente hace llegar abarrotes, y para navidad, canastas navideñas; mientras el Colegio Alemán, una vez a la semana, ofrece el almuerzo trayendo los ingredientes para el menú que ellos determinan, además cada fin de año, colaboran con las canastas navideñas para aproximadamente 35 personas. También se cuenta con un aporte humano, valiosísimo, el pequeño grupo de voluntarias que con disponibilidad y generosidad gestionan para conseguir más alimentos, efectúan compras, donan su tiempo y la vida, exponiéndola, en estos tiempos de pandemia, para entregar a domicilio los almuerzo a familias, por la imposibilidad de acercarse al recinto por estar postrados o enfermos y también para evitar las aglomeraciones. ¡Gran labor de los bienhechores!, en ellos se hace palpable la mano de Dios, que está presente en cada persona que da sin esperar nada a cambio y que, tal vez, no se da cuenta que es el Señor, con la fuerza de su Espíritu, el que impulsa a realizar este servicio con generosidad y constancia.

No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contemporáneos que seguir cada día al Señor, dando testimonio de su evangelio. Viviendo desde la humildad de Cristo que, siguiendo en toda la voluntad del Padre, ha venido para servir, para “dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20,28).

La acción caritativa y apostólica que se realiza en el comedor abierto Sor Annapia, llena el corazón de alegría, se da lo mejor de sí, poniendo al servicio del hermano necesitado, los talentos y dones recibidos de Dios, que, sin duda, dirá complacido cuando cada uno se presente a su presencia para ser juzgado: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme". Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, ¿y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, ¿y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?". Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis… (Mt. 25, 31-46).

Dios es el Bien, el todo Bueno, creando a sus hijos, les ha dotado de la bondad, de misericordia, de compasión …, El mayor bien es tener a Dios en el corazón, esta es la verdadera alegría como también experimentar en cada instante, que Él es Padre, que su Divina Providencia, nunca abandona.

A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detrás de esta actitud hay frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Señor, que dice: “A mí me lo hicisteis”.

El Señor nos recuerda lo peculiar de su mensaje: la caridad.
La caridad no como mera filantropía, sino como verdadero amor a Dios que vive realmente en el prójimo.

No basta conformarnos con no criticar a los demás, hace falta hablar bien de mi prójimo, promover lo bueno y silenciar lo malo, hablar bien de los demás. Es lo que se ha pretendido hoy, divulgar el bien que se hace en el comedor abierto Sor Annapia, al sur de Chile.