¡El despertar y el atardecer de la vida!
El mes de mayo, en muchos ángulos de la tierra, es el mes dedicado a la Santísima Virgen María, la Madre del Dios encarnado y modelo de Madre. Por eso también, el mundo celebra a las madres, mujeres que acogieron la vida que Dios permitió que se gestara en ellas.
En todas partes se busca la forma de homenajearlas, de hacerles sentir lo importante, lo valiosas, lo esenciales que son para el desarrollo de la vida de los seres humanos. En los países latinoamericanos, se las festeja con misas, cantos, bailes, regalos, abrazos, flores, con diferentes muestras de amor y gratitud a quien es capaz de dar la vida por los hijos, claro, en tiempos de pandemia como los actuales, todo ha cambiado.
Algunos de los valores en que se forma a los niños con nuestra acción evangelizadora, son la gratitud, el respeto, el amor a las madres, a los ancianos, a los que han dado todo para forjar una familia mejor. Una muestra de ello, es la celebración del día de la madre con los ancianos de la “Pastoral de salud” y “los niños de la Infancia Misionera” de la comunidad Santa Isabel de Hungría Cusco – Perú. Desde una visión meramente humana, y más aún cristiana, esta actividad es muy significativa para el entorno.
Los niños de la Infancia Misionera, a través de sus encuentros, tanto presenciales, los sábados por la tarde, como virtuales, el último domingo de cada mes por la mañana, reflejan gran entusiasmo y responsabilidad en sus actividades. Su compromiso es admirable, fuente de motivación y entrega.
Por otra parte, es muy triste la soledad y abandono en que se encuentran muchos adultos mayores, sobre todo en este tiempo de pandemia donde experimentan con más fuerza el abandono, la enfermedad y la soledad de la vejez.
En esta realidad, la Palabra de Dios, siempre viva y eficaz, sale al encuentro en el camino de la vida: ``Delante de las canas te pondrás en pie; honrarás al anciano, y a tu Dios temerás; yo soy el SEÑOR” (Lv. 19,32), o también “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará” ( Prov. 22, 6).
Debido al aislamiento social en Cusco- Perú, a causa de la pandemia, los días domingos no se permite la salida de los domicilios, de ahí, que la celebración del día de la madre se realiza el sábado 08 de mayo. De esta manera, se da la posibilidad a los niños de la Infancia Misionera que conozcan a los abuelitos de la pastoral de salud, de las Hermanas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón del Cusco y compartan con ellos.
El lugar más adapto para la acogida y celebración es la casa de Dios, la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, quien en su organización dispone de animadores de los grupos de ancianos y de niños, vitales en la conducción del grupo.
Las palabras y las enseñanzas siempre deben ir acompañadas de las obras, la coherencia en lo que se dice y hace, es el camino de formación, en esta situación para los niños. El gesto concreto de compartir es muy significativo en los pueblos latinoamericanos: las ancianitas reciben una bolsita solidaria de alimentos, un vaso de gelatina con fruta, una flor y un globo en forma de corazón, gestos que cargan de emoción a las 45 abuelitas que se hacen presente al encuentro.
La presencia de dos generaciones- la fragilidad del anciano y la alegría de los niños-, se confunden en un cariñoso abrazo, mientras los pequeños entregan sus presentes. En un simple gesto se logra la unión de dos generaciones: de una parte, la existencia que se acerca a la meta, cuando se va escapando la vida, cuando se debilitan las fuerzas y “se vislumbra cercano” el abrazo con el Padre eterno; y por la otra, la montaña de sueños latentes en corazones inocentes que empiezan a valorar y a descubrir el sentido de la vida.
Hermosa oportunidad para hacer ver a los niños la realidad de algunos abuelitos que sufren la soledad y el abandono por parte de sus familias y la sociedad, y como un simple gesto, les llena de alegría y emoción. He aquí la diferencia entre la celebración que hace la sociedad consumista y la que está animada por el amor a Dios: dar todo lo que se tiene, también al “extraño”, ¡al que no pertenece al círculo familiar!
Los niños disfrutan este encuentro y valoran la grandeza de las buenas obras, de hacer el bien y de cómo se enriquece el corazón del que se da, porque todo lo que se hace al otro, se hace a Jesús, como Él mismo ha dicho, presente en cada ser humano, en especial en los hermanos más débiles que sufren y pasan necesidad.
Al concluir, la Palabra de Dios, una vez más, sigue dando sentido de vida eterna también a los pequeños de este rincón del mundo, y en boca del Apóstol, exhorta a “dar con alegría”, y la bienaventuranza del Señor, “vengan benditos de mi Padre, porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer,”
¡He aquí, los corazones inocentes de los niños cusqueños que son buena tierra! La semilla está creciendo, quiere dar frutos, el 30, ¡el 70 y el 100!
¡Sea el buen testimonio de los adultos que les rodean y de la sociedad que cada uno forja, el que les permita seguir creciendo con la luz de la fe!
Hermanas del Cuzco - Perú

